Bajo los soportales de la parroquia de San Lorenzo abre en San Fermín, un puesto solidario donde se venden todo tipo de recuerdos del santo. La novedad de este año son unos broches y enganches con la figura del santo para poner en el nudo o como cierre del pañuelico.

Broches y enganches con la figura del Santo, novedad de este año.
Balconeras, medallas y medallones, pulseras y cintas , rosarios, dedales , monedas, llaveros , imanes y pañuelos bordados, libros y estampas entre muchos otros recuerdos para quienes desean llevarse la esencia de la fiesta.
La tienda permanece abierta todos los días de San Fermín de 9 a 14 y de 17,30 a 21 horas ; los domingos y festivos abren media hora antes, por la mañana a las 8:30 y por la tarde a las 17. Durante el resto del año, los artículos pueden adquirirse en la sacristía situada detrás del altar de la capilla de San Fermín.
Los precios son asequibles: desde 1 euro las cintas para el coche o las pulseras; 4 euros los imanes, pins o dedales; 5 euros los pañuelos bordados y los llaveros; 12 euros los medallones del santo con su cordón rojo, y 17 euros los tapices. Se puede pagar en metálico o con tarjeta desde los 10 euros.

Selección de artículos de San Fermín.
En el puesto nos recibe José Manuel, que lleva media vida colaborando en la tienda. Explica que el día 14 de julio es el día en que más personas se acercan para despedirse de San Fermín y llevarse un recuerdo bendecido de la capilla.
Habla con admiración del párroco, Javier Leoz, de quien dice que “es una máquina”, porque siempre está ideando iniciativas para beneficiar a la parroquia, acoger a los visitantes y prestar servicio a los vecinos del barrio. “Siempre está pensando en mejoras y en habilitar espacios para el uso de los vecinos y de las necesidades del barrio” , asegura. José Manuel recuerda que la iniciativa de instalar la tienda de recuerdos comenzó con el párroco anterior, Santos Villanueva, que solía decir: “Vamos a sacar de muchos pocos un mucho”.
Javi, otro de los voluntarios habituales, comenta que los sevillanos son quienes más compras realizan. Mientras conversamos, sus compañeras de puesto Mary y Vicky siguen atendiendo a visitantes y pamploneses que quieren llevarse varios recuerdos de la capilla de San Fermín. La afluencia de personas es constante.

Vendedores voluntarios del puesto. De izquierda a derecha: Mary, Vicky, Javi y Jose Manuel.
Entre las anécdotas que deja cada edición, José Manuel cuenta, entre risas, que muchos chavales compran pequeños detalles para regalárselos a sus abuelos. “Igual así les cae la paga”, bromea. A todo el que lo desea le regalan una estampa de San Fermín, aunque muchas personas insisten en pagarla. “Hay que sembrar para recoger”, comentan los voluntarios, convencidos de que ese gesto de generosidad hace que muchos regresen año tras año.
Para los cuatro vendedores fijos en ese improvisado puesto de venta en la parroquia de San Lorenzo estar atendiendo es una terapia, les hace muy felices. Son, en cierto modo, la otra corte de San Fermín.


