El fotógrafo más veterano de la Curva de Mercaderes

La fotografía, como cualquier expresión visual, nos ayuda a conocer mejor un lugar, incluso una persona, y, hace eternos, momentos que pasan delante de nosotros en apenas un instante. Fijan en nuestra memoria hechos que de otra manera podrían llegar a olvidarse.

Durante cualquier celebración esto se hace especialmente importante, porque llegan a mostrarnos detalles que de otra manera hubieran pasado desapercibidos. Los Sanfermines son una de esas celebraciones fotografiadas hasta la saciedad, y que, posiblemente no serían lo mismo, sin los fotógrafos de prensa, freelance o, simplemente, los aficionados. De todos ellos hay un fotógrafo que cada año, durante 37, vive estos días como si fueran propios.

John Kimmich Javier, no nació con vocación periodística, estudió arquitectura, pero siempre fue un apasionado de la fotografía. Su imagen de negro riguroso, incluida la gorra, es ya conocida en todas partes, y gente que no le conoce en absoluto, le habla, se hacen selfies con él y le tratan como a alguien imprescindible en la fiesta.

Hay que explicar que vestir de negro tiene un sentido práctico: no se mancha tanto; las cámaras, que son negras, pasan más desapercibidas, y ya todos saben que cuando viste de negro es porque está trabajando. La gorra le ayudó a mitigar la luz matutina del encierro cuando aún no le habían operado de cataratas, pero ya forma parte de su atuendo. Y en esa imagen tan familiar no se puede dejar de citar su parecido con Einstein… Por otra parte, el negro es, al parecer, un color muy utilizado por los nórdicos y es que en la actualidad vive en Suecia de donde es originaria María, su mujer.

Todo comenzó con una apuesta

Su historia con los Sanfermines viene de mucho tiempo atrás. “En 1972 estudiando mi último año de carrera, tuve la oportunidad de realizar un intercambio con España. Lo primero que quería hacer era ir a Valencia para comer una paella. Al saber que iba a España, mi padre me dijo que me daba 100 dólares de aquella época, por una foto mía delante de los toros en Pamplona. No me dio tiempo porque terminaba el intercambio y tenía que volver a Estados Unidos, pero la semilla se quedó plantada en ese momento”.

Comenzó con sus viajes para hacer fotografías: México, Puerto Rico… y en 1981 realizó, junto a su madre y hermana, un crucero por las Islas Griegas que plasmó en un documental de los lugares más importantes. Al finalizar el viaje dejó encargada a su hermana de llevar este material de vuelta a casa ya que él viajaba antes a Italia. “Rompí la regla de nunca te separes de tu material”. Su hermana envió por UPS su trabajo y la empresa lo perdió.

Se puso en contacto con el presidente de UPS para localizar su envío y, a pesar de los esfuerzos por parte de la empresa, nunca lo encontraron. Le indemnizaron con un cheque de más de 5.000 dólares, que es lo que se calculó que podría valer la película, para que hiciera de nuevo el reportaje. En vez de eso, decidió venir a España. Era 1984, cuando aún era barato viajar aquí con el dólar.

En ese viaje, fue de pueblo en pueblo, haciendo autostop, cogiendo autobuses y parando donde quería para hacer fotos. Su idea era viajar hasta Lisboa desde Madrid a dónde él había llegado. Cosas de la vida, “aún no he llegado a Lisboa…”.
Sus fotos en aquel momento eran más de arte y cultura, siguiendo no sólo sus estudios, sino también su profesión, ya que era profesor de arte. Al año siguiente volvió para seguir haciendo esta labor y fue, en su paso por Salamanca, cuando conoció a María, su mujer, de origen sueco y apasionada como él de nuestra cultura y de nuestro idioma.

Durante ese verano también fue a Deleitosa, localidad extremeña, siguiendo los pasos del fotógrafo estadounidense Eugene Smith quien había estado en España años atrás, para realizar un reportaje sobre la ‘pertinaz sequía’ en España. (Smith finalizó su viaje en Deleitosa porque le pareció idóneo para su reportaje. Las fotos que hizo allí conmocionaron al mundo y denunciaron la situación en la que se encontraba buena parte de aquella España de posguerra aislada del exterior).

John Kimmich llegó a esta localidad con mochila, andando y hablando con la gente, y ante la buena acogida, se quedó unos días. Coincidió que eran fiestas y un día haciendo fotos en una procesión alguien le increpó y le dijo “que se quite de ahí”, a lo que él no hizo mucho caso. Por la noche, ya conocido en la localidad, le dijeron que alguien preguntaba por él: era Koldo Chamorro. (Famoso fotógrafo español que​ realizó reportajes documentales de estructuras antropológicas y etnográficas, interesándose por los ritos y los símbolos del país).

Entablaron rápidamente amistad y, al saber que nunca había estado en Pamplona, Koldo le invitó a su casa el siguiente verano. Chamorro estaba muy asombrado con él, porque al verle entre la gente con cierta familiaridad, pensó que era alguien más del pueblo: a él le había costado 6 meses conseguir un permiso para realizar allí su reportaje.

Nuestro protagonista vuelve a Estados Unidos pero con la mente puesta en 1986 y en la manera de recabar ayuda financiera para costearse el viaje. Revisando en los archivos periodísticos encuentra que no hay reportajes de Hemingway actuales, porlo que puede ser una buena excusa para viajar a Pamplona durante los Sanfermines.

Porque llegaron las fiestas

Así comienza su historia con nuestra fiesta, hace tan sólo 37 años. Koldo le presentó a todo el mundo, pero él prefirió vivir las fiestas con los pamploneses, mezclarse con ellos. De hecho le dijeron “que me tomara un día de fiesta y que los demás fueran de trabajo”. El decidió que fuera el día 6 y así comenzó con un almuerzo típico, con un grupo de gente que le invitó a su mesa. Y todavía hicieron más. Aún no llevaba pañuelo al cuello y uno de los que le acompañaban se fue a comprarle uno de seda que es el que aún le acompaña y que siempre lleva en su mochila para que no se le olvide. Un pañuelo que, doy fe, tiene algún quemazo del toro de fuego…

Pero hay que empezar a trabajar y decide colocarse durante el encierro en el poste que hay en la curva de Telefónica, debajo de un semáforo. Momentos de nerviosismo, “¿cómo hago para hacer las fotos?, cuando vea los cuernos, empezaré a tirar fotos. Entonces veo unos cuernos y empiezo a fotografíar. Pero… ¡¡era un guiri con un casco vikingo!!”.

No fue su único error en aquel primer reportaje, ya que dijo que eran 7 los días de Encierro cuando en realidad son 8. Pero no importó, el Chicago Tribune publicó su primer reportaje periodístico y a partir de ahí, todo lo demás ya es historia.

Aquellos primeros sanfermines duraron para él sólo 5 días, los suficientes para darse cuenta de que no podría ya vivir sin ellos. “No había leído la novela de Hemingway y posiblemente si la hubiera leído no hubiera venido. No refleja lo que es esta fiesta”. Tras publicar el reportaje “recordé la apuesta de mi padre, pero mi padre había fallecido y no me pudo pagar los 100 dólares…”

Este primer reportaje tuvo una pega y es que el periódico elegía las fotografías que se publicaban de entre todas las que se les enviaba, y “eligieron erróneamente una foto en la que se veía solo un toro rodeado de mansos, dando la impresión de que prácticamente solo hay mansos”.

A partir de ahí comenzaron sus reportajes periodísticos y llegaron las ayudas para financiar sus viajes. Fuera de Sanfermines, y gracias a un reportaje que estaba realizando del escritor Washington Irving, le dejaron las llaves de la Alhambra durante tres días para que la fotografiara sin problemas…

Durante los escasos años que no pudo asistir a los Sanfermines, le ponía el pañuelo rojo a su perra, una labrador, y le hacía correr por el pasillo de la casa. “Volvía loca a mi familia y me obligaban a irme”.

En 1990 dejó definitivamente el Arte por el Periodismo y realiza desde entonces sus trabajos como freelance.

La Curva de Mercaderes

Durante los Sanfermines tiene un lugar especial para realizar sus fotos: la Curva de Mercaderes. Comenzó en este lugar con Koldo Chamorro que se situaba en el poste que hay justo enfrente del vallado. No había muchos más fotógrafos en aquella época, hasta que Jorge Nagore tuvo la idea de colocar la cámara a ras de suelo y sus fotos, desde esta perspectiva, llamaron la atención a multitud de aficionados. Ante la cantidad de personas que comenzaron a ir, tuvieron que empezar a acudir cada vez más temprano, ya que sólo hay 10 puestos para fotógrafos en ese tramo. Como no sólo se situaban allí los profesionales, fueron a hablar con el Ayuntamiento para que fuera necesaria una acreditación para ocupar esta parte del vallado.

Quedaba una segunda parte: dónde situarse dentro de esas 10 plazas. John había tenido la idea de que, conforme iban llegando, se iban numerando para poder situarse, y eso lo convirtieron en un sorteo: con unas cartas de poker que van del As (el uno), al 10, cada uno escoge una carta y el que tiene el número 10 es el primero en escoger, y así sucesivamente. Este sorteo lo realizan a las 7.15 de la mañana cuando terminan de limpiar y así no hay que madrugar (al parecer, se realiza un ritual parecido en el balcón para fotógrafos que está situado en el interior de la Plaza de Toros). Jonh ha bautizado a este momento como “el apartado de los fotógrafos”. Este año ha conseguido sacar la carta número 10.
Sus años de experiencia también le han llevado a conseguir una tarjeta de libre circulación por la Plaza de Toros y el Patio de Caballos. Dicha tarjeta hay que solicitarla en la Casa de Misericordia, la encargada de la plaza.

En la actualidad sigue alojándose en las casas que sus amigos le prestan para los Sanfermines.

Una vida viajera detrás de una cámara

Como la Universidad de Iowa recoge, Kimmich Javier ha expuesto y participado en más de setenta exposiciones individuales y colectivas, incluyendo Gauss Fotografiskt Galleri en Suecia; El Visor Centre Fotografic en España; Robert Freidus Gallery y Cayman Gallery en Nueva York; el Instituto de Arte de Chicago; Chicago Cultural Center; Museo de Fotografía Contemporánea en Chicago; Galer’a Spectrum en España; Instituto Tecnológico de Massachusetts; Museo de Fotografía de California, y otras instituciones.

Sus fotografías y textos han aparecido en La Fotografía y Foto Professional (España), Creative Camera (Inglaterra), Bild, Gstenborgs-Posten y Upsala Nya Tidning (Suecia), el Chicago Tribune, Los ángeles Times, Architectural Record y otras publicaciones. El trabajo de Kimmich Javier también se incluye en las colecciones de IBM, AT&T, el Instituto de Arte de Chicago, el Centro Canadiense de Arquitectura en Montreal, Price Waterhouse & Co., y otras colecciones corporativas, públicas y privadas.

Kimmich nació en Filadelfia, hijo de dos médicos. Cuando tenía 3 años, sus padres se mudaron a Puerto Rico, donde vivió hasta los 11 años. Desde Puerto Rico, sus padres se mudaron a Springfield, donde Kimmich vivió hasta los 18 años, aunque pasó sus vacaciones de verano en Puerto Rico.

Formado como arquitecto en la Universidad de Illinois, Kimmich Javier comenzó a fotografiar en su último año de estudio en la Ecole de Beaux Arts en Francia. Después de estudios de posgrado en arquitectura e historia del arte en la Universidad de Illinois, estudió fotografía y escultura en la Universidad de Purdue. De 1978 a 1986, fue miembro a tiempo completo de la facultad en el Columbia College de Chicago. En 1988, fue artista visitante en la Escuela del Vasco de la Universidad del País Vasco en Bilbao y San Sebastián, España. En 1990, se unió a la facultad de Iowa. Continúa trabajando como fotógrafo editorial y arquitectónico independiente. John Kimmich-Javier ha sido profesor en la Mid Sweden University, Suecia, y profesor emérito en la Universidad de Iowa.

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